Patatas Bonilla

Las patatas Bonilla son algunas de las pocas patatas fritas para vermut que prefieren mantener y destacar su sabor clásico. Este sabor ha sido el de las primeras patatas Bonilla, las que vendía su fundador.  La empresa que las produce se llama Bonilla a la Vista, asegura que utilizan materias primas de calidad y proveedores de máxima confianza. Estas patatas fritas son unas de las pocas existentes en el mercado que se elaboran íntegramente con aceite de oliva nacional, decantado y cuidadosamente filtrado. A la vez es de desatacar, que dejan bien en claro su fabricante, que se renueva el aceite en cada turno de frito para asegurar la frescura y la homogeneidad en el sabor de todas las partidas. Además de la garantía de calidad, las patatas Bonilla tienen una presentación muy particular que encanta y fascina a sus miles de clientes. Esta presentación es ideal y va divinamente para hostelería y restaurantes. Las patatas Bonilla se pueden comprar en bolsas o también en latas.
A diferencia de las marcas extranjeras de patatas fritas cuyas latas son de diversos colores, las latas de patatas Bonilla están cubiertas por un papel blanco y tienen una delicada iconografía marítima de un velero en el mar color azul marino. Esta identidad de la marca que se aprecia en el packaging de las patatas fritas Bonilla a la Visa, tiene que ver con la cercanía con el mar, un rasgo que marcó a sus orígenes desde su fundación en La Coruña.
En cuanto a la historia de la empresa, inició su actividad en 1932 en Ferrol, Galicia bajo la dirección de Salvador Bonilla padre del actual director César Bonilla. El fundador iba de feria en feria con su puesto por toda la geografía gallega llevado sus patatas fritas y churros de elaboración casera. En 1949 nació la primera churrería en La Coruña. Se repartían patatas fritas envasadas en latas de 1 kg retornables a las cafeterías de la ciudad. Desde ese momento el sabor de las patatas fue permaneciendo generación tras generación, en el corazón de los coruñenses.
Tanto las patatas Bonilla y los churros de Bonilla a la Vista, han llegado hasta Barcelona, también Reino Unido y Corea después de décadas de trabajo arduo y dedicación exclusiva. En estos países valoran la calidad de las patatas y lo bien que se combinan con cerveza, vinos,  otras comidas y bebidas. De ésta manera la empresa ha llevado la excelencia de un proceso de calidad para la elaboración de las patatas fritas, a destinos lejanos a la geografía española.
La fábrica en la que  se producen estos fabulosos productos de Bonilla a la Vista tiene más 3400 m2 de la que cada día salen 25.000 churros que se reparten entre 900 bares y hoteles y unas 6 toneladas de patatas fritas.